El País. Madrid, 26 de Marzo de 2001.

Las multinacionales retiran los alimentos transgénicos del Estado español.
Joaquina Prades, Madrid.

Protesta contra los alimentos transgénicos en Madrid (Gorka Lejarcegi).
Protesta contra los alimentos transgénicos en Madrid (Gorka Lejarcegi).

Líderes en cultivos.

Las multinacionales de la alimentación han retirado los alimentos transgénicos del mercado español. Discretamente, sin dar publicidad a una decisión que implica reconocer que su apuesta inicial en favor de la comida genéticamente modificada resultó equivocada, el grupo Nabisco -Royal, Artiach, Oreo, Digesta, Marbú, Fontaneda, Riera Marsá y Fruco- y otras empresas de menor envergadura han dejado de fabricar galletas, papillas, sopas y postres dulces con soja o maíz cuya cadena genética fue manipulada. El rechazo de los consumidores ha sido la causa.

En el Estado español se habilitaron dos laboratorios y se aumentaron los controles para inspeccionar lo que se preveía como una avalancha de comida transgénica a partir de 1998, cuando la Unión Europea autorizó el uso de maíz y soja genéticamente modificados en la alimentación humana siempre que se advirtiera en la etiqueta. No hubo tal. Un año después, el mercado español presentaba una oferta mínima de comida trans. Entre ella, las galletas Oreo y Artiach y las sopas Campbell's. Dos años y medio después, han desaparecido del mercado.

El rechazo de los europeos a los alimentos genéticamente manipulados llevó a algunas firmas, como Marks&Spencer, a retirarlas de sus supermercados. Otras, como Gallina Blanca o Nestlé, proclamaron su intención de prescindir de los transgénicos. El grupo Nabisco y otros de menor presencia en el mercado optaron por mantenerlos. El comprador español de galletas de esta firma podía leer en la composición: «Azúcar, harina de trigo, grasa vegetal parcialmente hidrogenada, almidón de maíz modificado genéticamente, dextrosa, lactosuero, limón en polvo, emulgente, huevo en polvo, gasificantes, aroma y colorantes». Ahora se lee lo mismo a excepción del ingrediente transgénico, que ha sido sustituido por «almidón de trigo».

Comprobaciones.

Sanidad habilitó dos laboratorios en Madrid, uno en Barajas y otro en el Centro Nacional de Alimentación, dependiente del Instituto Carlos III, para analizar la composición de los alimentos transgénicos y comprobar si se ajustaban a la ley. Estas instalaciones apenas han sido usadas. «Esperábamos un aluvión», comenta el subdirector de Salud Pública y Consumo, Ignación Arranz, «y ha resultado lo contrario».

Así lo confirman la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) y la Asociación de Caldos y Sopas, un sector de uso frecuente de almidón y harina de maíz. Agustín Roque, secretario de esta asociación, lamenta la retirada de los transgénicos, porque, entre otras razones, «le venían muy bien a los enfermos celiacos [que no pueden consumir gluten]». «Qué sé le va a hacer, el mercado manda, y el español no quiere transgénicos», comenta.

El grupo Nabisco lanzó simultáneamente partidas de galletas Oreo con ingredientes genéticamente modificados y otra partida igual con ingredientes tradicionales. La primera fracasó y la segunda continuó con la alta aceptación que este producto tiene en el mercado español. Fuentes de la empresa aseguran que tomaron nota, y ahora resulta prácticamente imposible encontrar alimentos con la cadena genética manipulada en los comercios españoles. Al menos nada de ello consta en las etiquetas. ¿Son fiables? El subdirector de Salud Pública y Consumo contesta con un sí rotundo. «Llevamos una vigilancia estricta. Y realizamos muestras al azar frecuentemente. En el último año sólo hemos encontrado dos productos que sí llevaban transgénicos y no lo reconocía», comenta. ¿Fueron sancionados estos fabricantes? «No podemos responder a eso», añade Ignacio Arranz, «porque la capacidad sancionadora corresponde a las comunidades autónomas».

Una portavoz de FIAB añade que ninguna firma importante se arriesga a falsear el etiquetado, por el «previsible castigo de los consumidores» y también porque «la misma competencia vigila el sector».

La Unión Europea ha edurecido recientemente la normativa. Ya no basta con anunciar los ingredientes transgénicos. También se ha de informar al consumidor de que ninguno de los componentes del alimento proviene de otros que sí lo fueron.

Sin embargo, algunos consumidores pueden extrañarse al encontrar en el supermercado alimentos en cuya etiqueta se especifica «patata modificada», como es el caso de la sopa Vichysoisse de Gallina Blanca, o el «almidón modificado» en las natillas instantáneas y las mousses de Royal, o también en las cinco variedades de sopa preparada de la marca Tallo Verde o en el puré de hortalizas y el pollo con fideos de Knorr.

Confusión.

No son trangénicos. El Instituto Nacional de Consumo advierte que en ningún caso deben confundirse con los alimentos manipulados genéticamente. Neus Cotonat, de Gallina Blanca, aclara que utilizan almidón de patata modificado por medios químicos, una práctica permitida en el Estado español desde 1960. «No utilizamos transgénicos. Nuestros estudios de mercado así lo aconsejaron. Los consumidores no los quieren y Gallina Blanca vive del consumidor».

Enrique Roque explica que la molécula del almidón es demasiado grande para que pueda ser digerida por el organismo humano. Por esta razón tienen que dividirla mediante procesos químicos que actúan sobre las enzimas. «Sabemos que esta formulación puede crear recelos en el consumidor. En Francia, muchos clientes creían que el término modificado equivalía a transgénico. La industria se unió y acabó con el problema. Sustituyeron transformado por modificado. En el Estado español se habría que hacer lo mismo», comenta el secretario de la Asociación de Sopas.

Novartis.Líderes en cultivos Aunque el rechazo del mercado ha llevado a las empresas de alimentación a retirar los productos transgénicos, el Estado español sigue siendo un país líder en la Unión Europea en el cultivo de semillas genéticamente modificadas. Un total de 400.000 hectáreas experimentan con cereales, hortalizas y leguminosas, aunque productores de Aragón, una comunidad pionera, el País Vasco y Navarra apuntan que se trata de una actividad a la baja. Los expertos consultados creen que la producción española se destina a la exportación y, muy especialmente, a la alimentación de los animales, ya que el pienso no exige aclaraciones en el etiquetado. Ecologistas en Acción y Greenpeace denuncian que las condiciones climáticas del Estado español atraen a las dos multinacionales que controlan el mercado mundial de los transgénicos -Novartis y Monsanto- para investigar con nuevos productos mutantes, y que el cultivo cruzado entre transgénicos y tradicionales supone un factor de riesgo. Los interrogantes sobre esta técnica y sus efectos a corto y largo plazo han aumentado el recelo de muchos consumidores, desconocedores de qué puede ocurrir cuando a un organismo vivo se le implantan restos de ADN de otro ser vivo incluso entre especies distintas; por ejemplo, de un pez a un tomate, o de un animal a una planta. La respuesta de la comunidad científica no es unánime. Defensores y detractores argumentan con igual convencimiento, aunque la constatación de que puede alterar el sistema inmunológico ha influido en el rechazo de los ciudadanos.


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